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La Exposición didáctica


El aseo y el vestido

Japón, la isla de oro
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Porteador con vestido de invierno. Fotografía a la albúmina coloreada a mano. Obra de Kusakabe Kimbei, hacia 1890

El pueblo japonés ha sido considerado por los antiguos viajeros, uno de los más limpios del mundo. En casi todas las casas, y en todos los hoteles - hasta los más humildes-, existía una sala de baño. Para los pobres y para los viajeros de paso, existían los baños públicos. Sólo en Tokio había 1.100 a finales del siglo XIX.

La sala de baño doméstica consistía en una tinaja de madera colocada encima de un horno. Solían bañarse en agua bien caliente. Antes de entrar en la bañera había que jabonarse y limpiarse, por lo que se puede decir que dentro del agua caliente de la tinaja se realizaba solamente el aclarado.

Tras el baño venía el maquillaje, que, por un lado, servía a evidenciar la belleza física y, por otro, resaltaba el rango social de la persona.

Además de la ropa interior, hombres y mujeres llevaban encima el kimono atado con un cinturón delgado. Los kimonos podían ser sencillos, dobles o acolchados, según las estaciones. Se consideraba muy elegante llevar varios, uno sobre otro. Los kimonos femeninos se diferenciaban de los masculinos - además del color-, porque tenían las mangas más grandes. El principal adorno del kimono femenino era el "obi". Este cinturón solía tener unos tres metros de largo y una treintena de centímetros de ancho.

 
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