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Piezas selectas del Museo Oriental


Buda en altar

Colección de Japón
Sala 15
Escultura
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Buda Amida-sanzon. Escultura en madera lacada y pintada. Obra de autor anónimo. Periodo Edo, Siglo XVII. Legado Tita y Andrew de Gherardi.

Buda Amida-sanzon

La figura de Amida es prácticamente ignorada por la doctrina del “Pequeño Vehículo”. Su culto se extendió sobre todo en Japón. Se sitúa su tierra de predicación –su edén–, en el Oeste. Simboliza el sol poniente y, al mismo tiempo, la vida en el más allá, la vida después de esta vida. Su paraíso occidental es la Tierra Pura (Gokurakujodo): es allí donde las almas –liberadas de toda impureza, purificadas de todo deseo–, acceden a la llamada de Amida. Amida es el Buda que acoge, que consuela en el más allá. Es, al mismo tiempo, el Buda del “poder intelectual”: es la causa excelente de la sabiduría del discernimiento maravilloso. Esta función salvadora de Amida, unida a la sencillez de la doctrina de las diversas sectas de la Tierra Pura, le hicieron muy popular en Japón. En este país la secta Jodo-Shinshu lo hizo su divinidad única y la secta Jodo-Shu lo declaró su divinidad principal. El aspecto consolador de Amida hablaba tanto al corazón de las gentes sencillas como a los ilustrados y a los aristócratas. Por otra parte es cierto que el impulso de los cultos y las doctrinas amidistas en Japón, a partir del siglo IX, transformó las relaciones entre budismo japonés y el pueblo, difundiendo su doctrina hasta las capas más humildes de la población. Se puede decir que el amidismo modifica profundamente el proceso de pensar del pueblo japonés, que se sintió muy atraído por la personalidad compasiva de Amida. A esto se añade una especie de terror sagrado al fin del mundo. Ante este fenómeno, en Japón se sentía la necesidad de una inmensa esperanza en una nueva vida. En esta escultura del Museo Oriental, encontramos una imagen de Buda estilizada. Está de pie sobre el trono de flor de loto. Lleva a la espalda la aureola dorada “Funagata Kohai”. Aunque le faltan las manos, todo indica que la mano derecha la llevaba levantada en la postura de “no tener miedo”, mientras que la izquierda, bajada, estaba en el gesto de la caridad. Las puertas de la hornacina (zushi) están pintadas con imágenes de diez Budas, así como de los donantes que mandaron hacer la obra y las figuras de Fudo-Myo-O y Jizo.

 
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